Trastorno Bipolar
Roberto yacía
triste en aquel puente, observando cómo las aguas del río
Rin se mecían a la par del viento, su mente cargada con las mismas voces
de siempre lo torturaban:
-Roberto regresa con Clara, debe
estar preocupada con tu falta–dijo Eusebio.
-Es mejor que calles Eusebio, no
lo dejas tomar su decisión
final, está claro que su romance se ha marchitado y más
bien revive la llama de coraje–dijo Florestán.
-Eso no es verdad, ella es el ángel
que lo salvó de su penumbra y le abrió las puertas a su verdadera pasión.
-Y a la vez le proporcionó,
el peor de los sufrimientos, es notable cómo la envidia con el pasar de los años
ha creado un gran peso en su alma, simplemente él no puede contenerse más,
debe abandonarla, su amor ya mostró su cara más furiosa.
-Pero la ha amado desde que tenían
nueve años, no puede olvidarla de un momento para otro, sé
que si se esfuerza un poco más, su amor volverá a florecer.
-¡Eso es ridículo! No lo escuches Roberto, desde que
ella apareció tu vida se ha vuelto más difícil, tu carrera se ha visto saboteada y
tu talento humillado ¡Encamínate hacia la libertad!
(Sollozos de Eusebio)
-¡Vamos! Pero ahora de qué
lloras Eusebio, podrías dejar de ser tan sensible, siempre te
deprimes por cosas tan sencillas, aprende ser a fuerte de una vez, es por tu
culpa que estamos en esta situación, siempre piensas las cosas demasiado ¡Estoy
harto de ti! Tú eres la razón de mi rabia.
Roberto en silencio, sin
pensarlo, con esa agobiante lucha en su cabeza, se tiró de aquel
puente, el cual fue el último escenario dónde su
sensatez aún persistía. Fue rescatado y llevado a un hospital
psiquiátrico… pero al abrir los ojos, no despertó
él,
sino Eusebio y Florestán. Él había muerto en aquella discusión,
consumido por la locura…
El sensible y el colérico
murieron pocos años después, afligidos con la partida de Roberto y
aun peleándose entre ellos.

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